Cuando en 1977 los científicos del “Proyecto de Investigación del Sudario de Turín” se reunieron durante los cinco días y cinco noches que habían sido concedidas por el Vaticano para el estudio de la mortaja que se presumía había envuelto el cuerpo de Jesús, se esperaba aclarar de una vez y para siempre si el lienzo en cuestión era una falsificación que databa de la edad media o bien la autentica“Sábana Santa”.
Después de hartas horas frente al microscopio, el microanalista forense Walter McCrone, uno de los tantos miembros del equipo, concluyó que “la sábana es una bonita pintura medieval”. McCrone afirmó que los pigmentos usados para teñir la tela fueron color rojo ocre y bermellón. Tres estudios de carbono 14 realizados 11 años después sobre unas tiras del lienzo apoyaban la teoría de McCrone, datando el origen de este entre los años 1260-1390. Sin embargo, con tantas pruebas en contra de la autenticidad del sudario, la polémica continúa. ¿Qué evidencias científicas pudieron ser tan sólidas para sostener hasta este siglo la intriga en torno a la “mortaja de Cristo”?
En realidad, la cantidad de análisis forenses realizados hasta hoy cuentan tanto a favor como en contra. Un estudio realizado independientemente al de McCrone, como el de Alan Adler (químico especializado en el análisis de porfirinas) identificaron en el sudario sangre del tipo AB en las manchas. Aparte, investigadores de la Universidad Hebrea de Jerusalén detectaron granos de polen en las muestras, pertenecientes a especies primaverales de Palestina, época en que Cristo fue crucificado.
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